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El Muro del Atlántico

13 octubre, 2008 5 comentarios

Supongo que soy uno más de los desagradecidos habitantes de mi tierra que, teniendo tantas y tantas cosas por ver y conocer, nunca parezco sacar tiempo para hacerles una visita. Precisamente y porque el tiempo apremiaba y la exposición esta pronta a terminar, mi amigo José y yo nos apuntamos a una visita guiada organizada por el Museum Cemento de Rezola. Este museo lleva ya algunos anos abierto y en un principio su temática no parece muy atractiva para el ciudadano de a pie, por lo poco convencional del elemento estrella del mismo: el cemento. Pero en esta ocasión la visita era un tanto peculiar, como lo era la exposición (que aún no he visitado, pero iré en cuanto pueda): el uso del cemento por parte del ejercito alemán durante la Segunda Guerra Mundial y más particularmente en la construcción de lo que se denomino el Muro del Atlántico: un gigantesco proyecto de cerca de 20,000 construcciones fortificadas, búnkeres, etc. que se extendían desde el Cabo Norte en Noruega hasta muy cerquita de aquí, en Hendaya, País Vasco Francés, con el fin de repeler cualquier intento de invasión de la Europa ocupada por parte de las fuerzas aliadas.

Con muy buena visión el museo está organizando los sábados y hasta primeros de noviembre una visita in situ a los dominios del Castillo de Abaddie, en cuyos alrededores quedan aun los restos de cerca de 160 de construcciones fortificadas. Los alemanes convirtieron esta zona en una de las 5 más protegidas de toda la costa francesa, de algún modo temerosos de que los aliados quisieran iniciar la reconquista del suelo europeo accediendo a través de España. La visita ha estado a cargo de Ramón Barea, comisario de la exposición y autor de dos libros que tratan sobre la ocupación alemana de esta zona del sur de Francia: Hendaia, 1940 y Gipuzkoa, 1940.

Ramón Barea nos habla sobre los diferentes búnkers que construyeron los alemanes

Ramón Barea nos habla sobre los diferentes búnkers que construyeron los alemanes

La verdad es que la visita ha sido de lo más interesante, me ha sorprendido muy gratamente además de que es un placer que alguien que sabe y disfruta con ello te cuente la historia con tanto entusiasmo. Hemos podido visitar el interior de uno de estos bunkers, construidos en su época por prisioneros de guerra y gente obligada a realizar trabajos forzados. Todas las empresas cementeras europeas, según contaba Ramón, fueron obligadas a trabajar para los alemanes en este tipo de construcciones, todas ellas controladas y dirigidas por la Organización TODT, un organismo semipúblico alemán que se encargaba de las subcontratas. Dado que era época de guerra y los alemanes pagaban muy bien para los tiempos que corrían, muchas de estas empresas decidieron colaborar con el ejército ocupante por decisión propia. Por más que esto resulte algo bochornoso de aceptar para los franceses lo cierto es que si a esto le sumamos el conocido acuerdo Hitler – Pétain que dio lugar a la Francia de Vichy uno llega a la conclusión de que fue una ocupación con bastantes intereses cruzados.

Y según nos contaba Ramón nada más dejar la zona los alemanes, en agosto de 1944 (tan solo 2 meses después del desembarco de los aliados en Normandía), el alcalde de Hendaya buzoneó a todos los vecinos una misiva en la que conminaba a los habitantes a dejar atrás tan sombrío pasaje de su historia reciente y mirar al futuro, sin temores ni cargos de conciencia por deudas de ningún tipo. Y tal vez por esto mismo debieron decidir terminar con los testigos mudos que los alemanes dejaron en la zona: los búnkers. Así que ni cortos ni perezosos dispusieron toneladas de dinamita en todos ellos con el fin de hacerlos saltar por los aires. Pero, nos contaba Ramón, los búnkers fueron minuciosamente construidos por los alemanes, basados en modelos mejorados de ingleses, rusos y franceses (de los que había en la línea Maginott), y pensados para soportar sin problemas bombardeos navales y aéreos. Entonces es sencillo imaginar que sucedió cuando dinamitaron estas construcciones: nada. O peor aún: dejarlo todo peor. Algunos bunkers son ahora peligrosos de visitar, porque no los consiguieron reventar pero sus estructuras se cuartearon, o bien dejaron al aire trozos de los herrajes del hormigón armado, e incluso como algunos de estos fortines que eran en realidad almacenes de munición (otros funcionaban como piscinas de agua, cantinas, etc.) consiguieron desperdiciar por los alrededores centenares de proyectiles y explosivos que supusieron un grave peligro para quienes pasearan por el lugar, durante años.

El lugar es ahora un espacio al aire libre modelado por la mano del hombre, puesto que los senderos discurren por lo que fueron las trincheras y los montículos que pueden verse eran en realidad la parte superior de fortines subterráneos, flancos defensivos, y demás. El resto fue un campo de minas que los propios alemanes desminaron cuando fueron enviados de regreso a esta zona por los americanos, que los interceptaron en su huida hacia Alemania.

Muchas otras cosas más nos ha contado Ramón y desde aquí escribo estas líneas de agradecimiento para él y para el museo por haber ayudado a dar a conocer un poco más de nuestra historia y además de una manera tan amena. El estupendísimo día de viento Sur, el sol y los 25 grados de los que disfrutábamos han ayudado a redondear el día.

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